¿De qué sirve ser naturista si no puedes serlo en tu propia casa?

Mi experiencia como escort y trabajadora sexual tras el Día Sin Bañador en Madrid: una reflexión nudista sobre la libertad, el cuerpo y la doble moral.

El “Día Sin Bañador” en las piscinas de Madrid es, cada año, el mismo recordatorio de que esta sociedad sigue teniendo un problema grave con la piel. Escucho los mismos comentarios de siempre, sobre todo el típico: “Está bien, pero que no haya niños”.

¿En serio? Como trabajadora sexual que convive con la desnudez a diario, os aseguro algo: los niños no nacen con prejuicios. Nadie nace mirando un cuerpo y pensando en “pecado”. Eso es basura que les meten los adultos en la cabeza. El problema no son los niños; el problema es el miedo y la doble moral de los padres.

Como escort, sé perfectamente cuándo la desnudez es una herramienta de seducción y cuándo es simplemente naturaleza. Por eso entiendo el naturismo desde una perspectiva muy clara. El objetivo no es que todo el mundo vaya en pelotas; el objetivo es que cada uno elija. Que puedas ir vestido si te apetece o ser nudista si te da la gana, sin que ninguna de las dos opciones provoque un escándalo.

Me hace gracia la gente que juega a ser nudista un domingo al año en una playa aislada, escondidos del mundo, pero luego esconden esa parte de sí mismos. No critico el proceso de nadie, pero seamos honestos: si tu libertad solo existe en un recinto cerrado durante unas horas, no eres libre; eres un prisionero de fin de semana.

Yo misma vivo esa contradicción. Tengo un padre que sigue juzgando mis decisiones y mi forma de vida, considerándola incorrecta. Y aunque soy una mujer adulta e independiente, sigo encontrándome con los límites y el juicio de una cultura que es incapaz de entender que la verdadera barrera no es la desnudez, sino los prejuicios.

Además, si tantos se consideran ecologistas, ya va siendo hora de reflexionar sobre la relación entre la ropa y el medio ambiente. La industria textil es una de las más contaminantes del planeta. No digo que dejemos de usar ropa, pero sí que cuestionemos cuánta compramos por pura costumbre o por miedo al qué dirán. A veces, apostar por una filosofía nudista es el acto más sostenible y de consumo responsable que existe.

La gran hipocresía es la de quienes se definen como naturistas pero luego, en su vida privada, no se atreven a vivir como tal. Una cosa es quitarse la ropa en una playa donde todos hacen lo mismo, y otra muy distinta es reivindicar tu cuerpo en tu propia casa, delante de tu pareja, tu familia o tus compañeros de piso. Ahí es donde empieza la verdadera lucha.

Mi profesión como escort y trabajadora sexual me ha enseñado a no pedir permiso para existir ni para gestionar mi propio cuerpo. El naturismo, si de verdad lo sientes, está en ti al cien por cien, los 365 días del año. Y eso implica tener conversaciones incómodas, poner límites y reclamar el derecho a vivir con naturalidad en tu propio espacio.

Esta es una reflexión personal de Blassia sobre el naturismo, la libertad corporal y el empoderamiento. Más allá de la desnudez, el verdadero cambio pasa por cuestionar los prejuicios y defender el derecho de cada persona a decidir cómo quiere vivir.

Si te interesan este tipo de reflexiones sobre naturismo, sexualidad consciente, bienestar y libertad personal, puedes descubrir más artículos en el blog de Blassia

Posts relacionados

Días de verano por Madrid

Días de verano por Madrid

Descubre cómo vive Blassia un día de verano a 35 grados en Madrid. Una galería íntima donde comparto mi mirada, mi pasión por la fotografía y una parte muy personal de mi vida como escort VIP.

leer más