Sigo siendo la misma, simplemente ahora mi tiempo vale más

Durante muchos años he vivido mi trabajo y mi forma de entender la sexualidad desde un lugar profundamente natural. Sin personajes exagerados, sin intentar parecer perfecta ni construir una identidad artificial para agradar a los demás. He construido el lujo humano y una conexión real.

Y quizás por eso algunas personas se sorprenden al leer ciertos precios, ciertas experiencias o una manera más exclusiva de presentar mi trabajo.

Pero quiero dejar algo claro: no me he convertido en una mujer fría, distante o inaccesible. Sigo siendo la misma Cris. La misma mujer que disfruta de una conversación tranquila, de un paseo, del deporte, del contacto humano, de la sexualidad vivida sin prisas y de las conexiones reales por encima de las apariencias.

Lo que ha cambiado no es mi esencia. Lo que ha cambiado es el valor de mi tiempo, mi experiencia y mi energía.

Con 52 años y más de 15 años trabajando intensamente en este mundo, he entendido que el saber estar, la inteligencia emocional, la presencia, la conversación y la capacidad de conectar también tienen valor.

Mi vida me ha llevado a viajar, a adaptarme y a trabajar en entornos muy distintos. He conocido el lujo creado por el ser humano: hoteles, restaurantes, ciudades, experiencias exclusivas, personas influyentes y ambientes sofisticados. Pero también he conocido el otro lujo, el que para mí tiene todavía más valor: el de la naturaleza, el silencio, el tiempo, la calma y la autenticidad.

Y, honestamente, después de tantos años, empiezo a verme a mí misma al nivel de muchos hombres que han dedicado su vida a adquirir experiencia en sus respectivas industrias.

Un CEO, un empresario, un médico o un profesional altamente especializado no cobra únicamente por una hora de trabajo. Cobran por los años invertidos, los errores, el conocimiento, la práctica, la experiencia humana y la capacidad de transmitir seguridad y confianza.

Yo también llevo más de 10.000 horas de práctica real en relaciones humanas, sexualidad, conexión emocional, escucha y experiencias íntimas.

Simplemente mi industria ha sido otra.

Y durante mucho tiempo, muchas mujeres en este mundo hemos tenido miedo de reconocer nuestro propio valor porque la sociedad nos ha enseñado que debemos agradar, adaptarnos y aceptar.

Pero he comprendido algo importante: si yo no me valoro, ¿cómo voy a esperar que los demás lo hagan?

No significa ego. No significa mirar a nadie por encima. No significa perder humildad. Significa reconocer la experiencia acumulada a lo largo de toda una vida: vivir, aprender, viajar, equivocarme y conectar con miles de personas diferentes.

Mi página hoy es internacional. Personas de distintos países llegan a ella constantemente y Google la traduce automáticamente a muchos idiomas. Y aunque mi inglés o mi francés no sean perfectos y mi acento español siga ahí, me comunico, entiendo y conecto. Muchas personas ni siquiera son capaces de salir emocionalmente de su propio idioma o de su propia forma de ver el mundo. Yo sí lo intento cada día.

Nunca he querido vender una imagen artificial de una mujer perfecta. Prefiero seguir siendo una mujer real, con personalidad, sensibilidad, experiencia y una sexualidad vivida con naturalidad.

No soy una mujer sumisa porque alguien pague más dinero.
No voy a convertirme en otra persona para encajar en una fantasía superficial o en una idea rígida de lujo.

Mi sensualidad nace de la libertad, la autenticidad y la conexión humana real.

Mis experiencias no están dirigidas a quien simplemente busca consumir un cuerpo o controlar a una mujer.

Están dirigidas a personas que entienden el valor de: la presencia, la conversación, la calma, la conexión emocional, el placer compartido, la autenticidad y el privilegio de compartir tiempo de calidad con otra persona real y en crecimiento.

Quizás, precisamente ahí, esté mi diferencia. En no parecer perfecta. Sino en seguir siendo yo, mientras intento mejorar las partes negativas que todos tenemos.

Llevo años trabajando en mis patrones, mis hábitos, mi forma de reaccionar y de relacionarme. Y todavía me quedan cosas por mejorar, porque las personas reales no cambian de un día para otro.

El crecimiento personal no ocurre en una semana ni leyendo dos frases bonitas en internet. Se construye viviendo, equivocándose, observándose y teniendo la humildad suficiente para reconocer los propios defectos.

Antes quizás podría definirme como una mezcla entre “choni” y “pija”, con contradicciones, impulsos y una personalidad muy intensa. Y honestamente, parte de eso sigue existiendo, porque también forma parte de mi historia y de quién soy.

Pero hoy intento convertirme en una persona más consciente, más tranquila y más agradable para quienes comparten tiempo conmigo.

Siempre me ha gustado que la gente se sienta cómoda a mi alrededor. Mi casa siempre ha estado llena de personas, conversaciones, risas, encuentros y momentos compartidos.

Tengo defectos, como todo el mundo.
Pero también tengo humanidad, experiencia, cercanía y una forma muy real de conectar con las personas.

Quizás precisamente ahí esté mi diferencia. No querer ser ni parecer perfecta. Sino en seguir siendo yo, mientras intento mejorar las partes negativas que todos tenemos.

Llevo años trabajando en mis patrones, mis hábitos, mi forma de reaccionar y de relacionarme. Y todavía me quedan cosas por mejorar, porque las personas reales no cambian de un día para otro.

El crecimiento personal no ocurre en una semana ni leyendo dos frases bonitas en internet. Se construye viviendo, equivocándose, observándose y teniendo la humildad suficiente para reconocer los propios defectos.

Antes quizás podría definirme como una mezcla entre “choni” y “pija”, con contradicciones, impulsos y una personalidad muy intensa. Y honestamente, parte de eso sigue existiendo, porque también forma parte de mi historia y de quién soy.

Pero hoy intento convertirme en una persona más consciente, más tranquila y más agradable para quienes comparten tiempo conmigo.

Siempre me ha gustado que la gente se sienta cómoda a mi alrededor. Mi casa siempre ha estado llena de personas, conversaciones, risas, encuentros y momentos compartidos.

Tengo defectos, como todo el mundo.
Pero también tengo humanidad, experiencia, cercanía y una forma muy real de conectar con las personas.

Porque al final, el verdadero lujo no siempre es lo que se compra, sino cómo te hace sentir alguien.

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